viernes, 8 de noviembre de 2019

OPEN. MEMORIAS, ANDRE AGASSI

No estudio. No hago los deberes. No presto atención. Y no me importa lo más mínimo. En las clases permanezco sentado, en silencio, en mi pupitre, mirándome los pies, pensando que preferiría estar en cualquier otra parte, mientras el profesor habla y habla sobre Shakespeare, la batalla de Bunker Hill o el teorema de Pitágoras


Open. Memorias, Duomo, pág 101

viernes, 25 de octubre de 2019

LA EDAD DE HIERRO, J. M. COETZE

El año pasado, cuando empezaron los problemas en las escuelas, le dije a Florence lo que pensaba.
En mi época considerábamos la educación un privilegio —le dije. Los padres se apretaban el cinturón y ahorraban para que sus hijos fueran a la escuela. Nos habría parecido una locura quemar una escuela.
Las cosas han cambiado —contestó Florence.
¿Apruebas que los niños quemen las escuelas?
No puedo decirles a estos chicos lo que tienen que hacer —dijo Florence. Todo ha cambiado. Ya no hay padres ni madres.
Eso es absurdo —dije. Siempre hay padres y madres. Así terminó nuestra conversación.



La edad de hierro, Coetze, pa´g 24

viernes, 11 de octubre de 2019

EVERYMAN, PHILIP ROHT

Mainly what he did was to replicate what he´d heard as a kid when he started taking classes and his teachers were telling him the same things


Everyman, Vintage, pág 83

viernes, 27 de septiembre de 2019

LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE ESME LENNOX, MAGGIE O´FARRELL

Nunca le gustó el colegio. Le gustaba trabajar, le gustaban las clases y los profesores. Ojalá el colegio hubiera sido sólo eso. Pero había infinidad de niñas, siempre peinándose y repeinándose y tapándose la boca entre risitas. Eran insufribles.


La extraña desaparición de Esme Lennox, salamandra, pa´g 121


viernes, 13 de septiembre de 2019

TRÁNSITO, RACHEL CUSK

Los alumnos eran, por lo general, tan exigentes y egocéntricos que terminado el curso se sentía completamente vacía. Al principio tenía la sensación de estar dándoles algo, algo bueno, algo que podría cambiarles la vida; en un primer momento, esa sensación de vacío le había parecido una especie de agotamiento virtuoso. Pero según se iba vaciando durante los cuatro o cinco días del curso, comenzaba a pasar otra cosa. Empezaba a verlos- a los estudiantes- con mayor objetividad; en esa manera de necesitarla que tenían ya no advertía criterio, sino parasitismo. La sensación de que ellos la habían embaucado para que se viera generosa, incansable, inspiradora, cuando, en realidad, no era más que una víctima que se había sacrificado a sí misma



Tránsito, Libros del Asteroide, pág 115

viernes, 30 de agosto de 2019

LA PARTE INVENTADA, RODRIGO FRESÁN

Una memoria todavía a salvo de los olvidos que llegarán con el colegio; donde y cuando su capacidad hasta ahora infinita para el recuerdo será constantemente puesta a prueba con nombres de próceres con uniforme tanto más aburridos que los de los superhéroes, con tablas matemáticas, con fechas de batallas y ecuaciones inútiles que de nada le serán útiles pero que, tal vez, su secreta función sea la de sepultar una avalancha de información pública y externa materias primordiales y asignaturas tanto más decisivas


La parte inventada, Literatura Random House, pág 47

viernes, 16 de agosto de 2019

BOY (RELATOS DE LA INFANCIA), ROALD DAHL

Había en Repton unos 30 maestros o más, y la mayoría eran extraordinariamente tediosos y totalmente incoloros y no tenían el menor interés por los alumnos. Pero Corkers, un solterón excéntrico, no era ni tedioso ni desaborido. Corkers era un seductor, un hombrón desmañado de mejillas colgantes como las de un sabueso y vestimenta sucia, desaliñada. Llevaba pantalones de franela sin planchar y chaqueta parda de mezclilla llena de remiendos y con migas en las solapas. Estaba allí para enseñarnos matemáticas, pero en realidad no nos enseñaba nada y tal era deliberadamente su método. Sus lecciones consistían en una serie interminable de pasatiempos inventados por él, de tal modo que no hubiera nunca ocasión de mencionar las matemáticas. Entraba con su andar pesado en el aula, se sentaba detrás de su escritorio y miraba desafiante a la clase. Nosotros aguardábamos con expectación, preguntándonos intrigados por dónde iría a salir.
Vamos a echar un vistazo al crucigrama del Times de hoy —decía, sacándose del bolsillo de la chaqueta un periódico todo arrugado—. Será mucho más divertido que andar enredando con los números. Detesto los números. Los números son probablemente lo más funesto que hay en el mundo.
¿Entonces por qué enseña usted matemáticas, señor? —le preguntaba alguno de nosotros.
Es que no las enseño —respondía él, sonriendo taimadamente—. «Simulo» enseñarlas, nada más.




viernes, 2 de agosto de 2019

EL PACIENTE, JUAN GÓMEZ-JURADO


Rachel y yo habíamos buscado la mejor escuela para Julia desde el mismo momento en que supimos que estaba embarazada. Habíamos optado por una que primase el arte y la alegría por encima de la competitividad. Por cada plaza en ese colegio había doce solicitudes. Habíamos hecho colas interminables y pedido un favor tras otro a todos nuestros conocidos hasta que conseguimos que la admitiesen




El paciente, booket, pág 43

viernes, 19 de julio de 2019

RENDICIÓN, RAY LORIGA

En el colegio dejé que hablase ella, porque tiene más preparación y cultura que yo. Sí me di cuenta, no obstante, de que era un lugar precioso y de que todos los profesores parecían muy buenos y los alumnos se comportaban de maravilla, dando los buenos días cuando te los cruzabas en el pasillo y hasta cediéndose el paso unos a otros




Rendición, Alfaguara, pág 113

viernes, 5 de julio de 2019

FANTASMAS, CHIMAMANDA NGOZI ADICHE

El centro de profesores es una sombra de lo que era —ha comentado Ikenna. He ido esta mañana.
Hace mucho que no voy por ahí. Aun antes de jubilarme llegó un momento en que me sentí demasiado viejo y fuera de lugar. Esos novatos son unos ineptos. Ninguno enseña nada. Ninguno tiene ideas nuevas. No hay más que politiqueo mientras los estudiantes compran sus títulos con dinero o con su cuerpo.



viernes, 21 de junio de 2019

NIÑOS EN EL TIEMPO, IAN MCEWAN

Había quedado demostrado que existía una profunda preocupación entre padres y educadores ante la caída en los estándares de comportamiento y la falta de responsabilidad civil entre muchos elementos de la sociedad, particularmente los jóvenes. La educación desempeñaba claramente un papel importante en ello y no cabía duda de que los padres en el pasado habían sido inducidos a error por estúpidas teorías a la moda acerca de la educación infantil. Había un llamamiento para regresar al sentido común y se pedía al gobierno que tomase la delantera. Eso era lo que hacía y lo que iba a continuar haciendo, sin dejarse intimidar por las patéticas difamaciones y las calumnias irresponsables de sus oponentes.



Niños en el tiempo, Anagrama, pág 121

viernes, 26 de abril de 2019

DEPARTAMENTO DE ESPECULACIONES, JENNY OFFILL

En vista de que hay madres como yo que a veces llegan tarde al colegio, los profesores han acordado una moratoria diaria. A primera hora de la mañana han establecido una hora de juegos, y no está bien que tu hijo falte a esa clase, pero si falta tampoco resulta tan terrible. No es lo mismo que faltar al círculo de actividades, en el que se les explica a los niños cómo crecen las plantas y qué necesitan (agua, sol), o que los humanos también somos animales, o que los planetas se alinean en función de lo cerca o de lo lejos que están del sol. Todos los niños saben que Plutón ha sido degradado de categoría y aúllan de alegría cuando sus padres, que son mucho más torpes y viejos, se olvidan de ello. También hay una moratoria para los días en que hay que llevar cosas. El día del cartón de huevos no es el día fijado para la actividad, sino el día anterior, uno antes de que sea absolutamente necesario llevarlo, uno antes de que no tenerlo suponga un auténtica catástrofe. Pero incluso en esos casos hay profesores que toman precauciones para las mamás que se olvidan y llevan ellos mismos los cartones o se los piden a otras madres, las que siempre se acuerdan, las que siempre llegan temprano




Departamento de especulaciones, Libros del Asteroide, pág 48

viernes, 12 de abril de 2019

TIEMPO DE GUERRAS PERDIDAS, J. M. CABALLERO BONALD

El profesor de francés que me tocó en suerte era un personaje sumamente libresco. Debía haber doblado ya la cincuentena y tenía toda la pinta del hidalgo empobrecido que basa su dignidad en llevar muy bien planchados el traje y la camisa sin reparar en la mugre que han ido almacenando. Se llamaba don Julián Valmaseda y, debido a quién sabe qué descabalamientos administrativos, era cónsul del Perú en Jerez, un cargo que tenía que ser más honorífico que otra cosa y cuya incongruencia parecía ser directamente proporcional a la de quien lo ostentaba. Llegaba a casa todas las tardes, a las seis en punto, provisto de un abrigo decrépito que nunca se descolgaba de los hombros y de una cartera repleta de papeluchos, restos de fiambres y avíos de afeitar


Tiempo de guerras perdidas, Anagrama, pág 131

viernes, 29 de marzo de 2019

A CONTRALUZ, RACHEL CUSK

Los estudiantes deliberaban sobre si las ventanas tenían que estar abiertas o cerradas, porque en el aula hacía un frío mortal y nadie había averiguado cómo se bajaba el aire acondicionado. Quedaba también la cuestión de la puerta, abierta o cerrada, de las luces, encendidas o apagadas, y de si el ordenador, que proyectaba sobre la pared un rectángulo azul vacío, y emitía un zumbido, iba a utilizarse o podíamos apagarlo




A contraluz, Libros del Asteroide, pág 119

viernes, 15 de marzo de 2019

EL HÚSAR EN EL TEJADO, JEAN GIONO

Cediste al placer inmediato de contestar a un insolente con una insolencia. En eso no hay ninguna fuerza. Hay debilidad, puesto que ahora sientes remordimiento de no haber cumplido un deber que te habías impuesto o, seamos francos, un acto que te haría merecedor de tu propia estima.




El húsar en el tejado, Anagrama, pág 175

viernes, 1 de marzo de 2019

PRIMERA LUZ, CHALES BAXTER

Pavorese se interrumpe y, como de costumbre, un cambio en el tono del cutis, como si estuviera a punto de ruborizarse, señala la interrupción. Igual que un caballo asustado de repente por un lobo, se echará atrás, hará una pausa y, sin mirar a nadie a los ojos, dirá: “Esta disciplina es una pesadilla de la que … nadie despertará jamás”. Prescindiendo de sí mismo y de lo que acaba de decir, prosigue la clase. Los alumnos también harán caso omiso de sus demás arranques, de la misma manera que hacen caso omiso de sus citas de William Blake. Dice que la poesía es física y ellos sonríen


Primera luz, RBA, pág 153


viernes, 15 de febrero de 2019

DESPEÑAPERROS, JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO (II)

Los profesores deberían ser examinados todas las semanas y los maestros enviados a la escuela todas las vacaciones. Si algún profesor o algún maestro se acerca de pronto al pupitre de un niño y, sin preguntarle nada ni decirle por qué, lo hace levantarse a empujones, lo insulta groseramente, lo golpea brutalmente con una palmeta y lo echa a puntapiés a la calle, debe ser empujado a su vez, golpeado a su vez por la misma palmeta y la misma brutalidad y expulsado a su vez a patadas de la escuela y del cuerpo de profesores o del cuerpo de maestros; se le hará ingresar en prisión y se le impartirá un cursillo intensivo de incitación al suicidio; si no se aprende la lección o no la aprovecha, se le dará otra paliza con otra palmeta mayor y se le impartirá otro cursillo doblemente intensivo, y así hasta que se la aprenda y la aproveche
Despeñaperros, Austral pág 312

viernes, 18 de enero de 2019

FIEBRE EN LAS GRADAS, NICK HORNBY

Sin embargo, el fútbol había adquirido un nuevo significado en relación con mi carrera profesional. Se me había ocurrido la brillante idea —y creo que se les ocurre a todos los jóvenes profesores de mi cuerda— de que mis grandes aficiones (el fútbol y la música pop en concreto) serían de gran ayuda a la hora de conectar con mis alumnos. Pensé que podría «identificarme» con «los chavales» porque entendía muy bien el valor que para ellos tenían los Jam o el propio Laurie Cunningham. No se me pasó por la cabeza que en el fondo yo era tan pueril como mis aficiones, y que si bien, sin duda, dispuse de una especie de conexión más o menos privilegiada, eso no me iba a servir para ser mejor profesor. A decir verdad, el principal problema —a saber, que en los días más complicados terminaba armándose en el aula un alboroto del demonio— resultó exacerbarse cuando hice gala de mi adscripción a un bando determinado. «Soy hincha del Arsenal», dije con mi mejor talante de profesor majo y enrollado el día en que tuve que presentarme ante un grupo especialmente difícil de alumnos de segundo. «¡Buuuu!», me contestaron ruidosamente, sin cortarse ni un pelo.



viernes, 4 de enero de 2019

EL OBSCENO PÁJARO DE LA NOCHE, JOSÉ DONOSO

Inflamado con el ímpetu de su nostalgia que se iba a apaciguar durante quizá unos instantes al comprarme un disfraz de caballero, yo lo acompañaba feliz, como si ese traje nuevo me fuera a abrir una ventana sobre un paisaje insospechado donde todo era posible, sí, por qué no, papá, voy a ser alguien, un gran abogado, un gran político, mire las notas excelentes que saco en el colegio, oiga lo que mis profesores dicen de mis adelantos en historia, en inglés y en francés y en latín, sí, estudiaré, haré todo lo que usted me proponga, se lo prometo, encarnaré su sueño para que no sufra más, no soporto sentir esa tristeza que usted siente



El obsceno pájaro de la noche, Seix Barral, pág 103