Los métodos pedagógicos eran, los de unos y otros, abominables, los textos escolares inmundos y el plan de estudios medioeval. Trinidad que pesaba aplastantemente sobre todas las materias de estudio, pero singularmente sobre la literatura y sus aledaños. Claro que eso no era casualidad. No sé qué dirán los teóricos de la pedagogía- gentes que nunca me han parecido respetables-, pero me imagino que la justificación tradicional de que en todos los países modernos se siga enseñando historia de la literatura y no se enseñe, en cambio, historia del arte y de la música, consiste en que se sigue considerando la literatura como el ejemplario de la lengua que se debe hablar y escribir, es decir, que consiste en el fondo en una peligrosa identificación entre lengua y literatura, que a su vez se apoya en la ingenua identificación entre la lengua y la lengua literaria y más allá entre habla y lenguaje y, a fin de cuentas, entre lenguaje y el arte de hablar y escribir correctamente…
Años de penitencia, Alianza Tres, pág 86

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