—Señor Quoyle. Hemos tenido algunos problemas con Bunny esta mañana. En el recreo. Lamento decirle que ha empujado a una de las profesoras, a la señora Lumbull. La empujó con mucha fuerza. De hecho, Bunny la derribó. Es una niña alta y fuerte para su edad. No, no fue un accidente. Según dicen todos fue algo a propósito. No hace falta que le diga que la señora Lumbull está enfadada y desconcertada por el empujón de la niña. Bunny no quiere decir por qué. Está sentada al otro lado de mi mesa y se niega a hablar. Señor Quoyle, creo que será mejor que venga a buscarla. La señora Lumbull ni siquiera conocía a Bunny. No está en su clase
Atando cabos, Tusquets, página 309









































