viernes, 2 de marzo de 2018

EMPIRE FALLS, RICHARD RUSSO

En un mes volverían a empezar los madrugones a las cuatro de la mañana. Los días en que se preveía nieve, Otto y los directores de las escuelas elemental y media se levantaban muy temprano para conocer los últimos detalles del parte meteorológico. A las cinco y medía tenían que haber decidido si era demasiado peligroso poner los autobuses escolares en marcha. En general, los padres querían que sus hijos fueran a la escuela, porque de lo contrario endrían que decidir qué hacían con ellos. Antes de ocuparse de tan necesarias cuestiones muchos padres preferían llamar a Otto Meyer hijo y transmitirle su impresión de que era un maldito imbécil, un gandul y un cabrón inútil que buscaba una excusa para tomarse el día libre, como si no le bastase con todo el verano. Si Otto estaba en la ducha y contestaba su mujer, se lo decían a ella. Los padres que se mostraban más airados e insultantes los días de nevada no eran generalmente los que tenían que preocuparse por faltar un día al trabajo para entretener a sus hijos. Eran más bien los mismo que inscribían a sus chavales en el programa de comida gratuita y los enviaban a la escuela mal vestidos, pero en cambio podían permitirse tener contestador automático para ahorrarse la molestia de hablar con directores y cobradores de facturas



Empire Falls, emecé lingua franca, pág 490 

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