viernes, 16 de julio de 2021

CASI UN SANTO, ANNE TYLER

—Creo firmemente —dijo— que todo lo malo que me ha sucedido en la vida procede directamente de aquel quinto curso. Hasta entonces, todo me había salido la mar de bien. No había quien me detuviese. Tenía fama de listo. Casi siempre me tocaba a mí lavar los cepillos de borrar la pizarra y vigilar en los comedores, tanto que se comentaba que era el favorito de la maestra. Llegué entonces a quinto: la señorita Pilchner. ¡Dios mío! Todavía puedo verla; con aquel pelo rizado y corto, ceñido de color cobre, y con aquella sonrisa amplísima, sesgada y más falsa que Judas que no engañaba a nadie menor de veinte años. El primer día de clase, va y me pregunta: «¿Dónde tienes el cuaderno de papel cuadriculado?». Digo: «Prefiero el papel liso». Entonces va y dice: «En mi clase no hay favoritismos y no tolero que nadie haga las cosas según su maricaprichosa manera». En aquel punto y hora comprendí que empezaban los malos tiempos. Desde entonces nada me ha salido bien, nada en absoluto.


Casi un santo, emece, página 273

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