La mayoría de los profesores, en cambio, intentaron adaptarse al nuevo curso de los acontecimientos, secundarlo, improvisando métodos de enseñanza más dialogados, más libres, menos autoritarios, menos paternalistas: el resultado fue aún peor. No solo no conquistaron a los alborotadores para quienes toda autoridad era maligna en sí misma, sino que también perdieron el respeto de los estudiantes, especialmente de los más jóvenes, que necesitaban puntos de referencia y a alguien que mantuviera el listón recto. Los profesores que intentaron seguir el flujo de la contestación fueron los primeros en fracasar: les llevó muy poco perder primero autoridad, luego ímpetu y por último identidad
Se acabó el recreo, Libros del Asteroide, pág 170
