viernes, 3 de agosto de 2018

RATAS EN EL JARDÍN, VALENTÍ PUIG


Es un hecho que la escuela Jacotot era un pequeño paraíso de pequeñas amistades, de disfraces de Carnaval y de un mes de María cautivador, pero se aprendía poco. Mis padres hablaron. ¿Escuela pública o escuela privada? Visitaron unas cuantas. Ganó el criterio de mi madre. El estado de las escuelas públicas no era comparable a un colegio recién estrenado como San Francisco, construido gracias a donativos cuantiosos y un punto legendarios. Las tarimas eran de mármol y las pizarras, de pizarra. Luz, amplitud y un gabinete psicotécnico que convenció a mi padre. Además, estaba cerca de casa. De manera que entré en el curso más elemental de primaria y todavía no sabía leer. Puedo decir sin exagerar que aprendí a leer a cogotazos, los cogotazos de un fraile joven. Y aprendí muy deprisa. Siempre le he agradecido al buen padre franciscano que fuera tan expedito. Como quien dice, de golpe y porrazo sabía leer. Había hecho el aprendizaje más fundamental de mi vida. Tenía la infancia y la adolescencia solucionadas


Ratas en el jardín, Libros del Asteroide, pág 171

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