viernes, 15 de febrero de 2019

DESPEÑAPERROS, JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO (II)

Los profesores deberían ser examinados todas las semanas y los maestros enviados a la escuela todas las vacaciones. Si algún profesor o algún maestro se acerca de pronto al pupitre de un niño y, sin preguntarle nada ni decirle por qué, lo hace levantarse a empujones, lo insulta groseramente, lo golpea brutalmente con una palmeta y lo echa a puntapiés a la calle, debe ser empujado a su vez, golpeado a su vez por la misma palmeta y la misma brutalidad y expulsado a su vez a patadas de la escuela y del cuerpo de profesores o del cuerpo de maestros; se le hará ingresar en prisión y se le impartirá un cursillo intensivo de incitación al suicidio; si no se aprende la lección o no la aprovecha, se le dará otra paliza con otra palmeta mayor y se le impartirá otro cursillo doblemente intensivo, y así hasta que se la aprenda y la aproveche
Despeñaperros, Austral pág 312

viernes, 18 de enero de 2019

FIEBRE EN LAS GRADAS, NICK HORNBY

Sin embargo, el fútbol había adquirido un nuevo significado en relación con mi carrera profesional. Se me había ocurrido la brillante idea —y creo que se les ocurre a todos los jóvenes profesores de mi cuerda— de que mis grandes aficiones (el fútbol y la música pop en concreto) serían de gran ayuda a la hora de conectar con mis alumnos. Pensé que podría «identificarme» con «los chavales» porque entendía muy bien el valor que para ellos tenían los Jam o el propio Laurie Cunningham. No se me pasó por la cabeza que en el fondo yo era tan pueril como mis aficiones, y que si bien, sin duda, dispuse de una especie de conexión más o menos privilegiada, eso no me iba a servir para ser mejor profesor. A decir verdad, el principal problema —a saber, que en los días más complicados terminaba armándose en el aula un alboroto del demonio— resultó exacerbarse cuando hice gala de mi adscripción a un bando determinado. «Soy hincha del Arsenal», dije con mi mejor talante de profesor majo y enrollado el día en que tuve que presentarme ante un grupo especialmente difícil de alumnos de segundo. «¡Buuuu!», me contestaron ruidosamente, sin cortarse ni un pelo.



viernes, 4 de enero de 2019

EL OBSCENO PÁJARO DE LA NOCHE, JOSÉ DONOSO

Inflamado con el ímpetu de su nostalgia que se iba a apaciguar durante quizá unos instantes al comprarme un disfraz de caballero, yo lo acompañaba feliz, como si ese traje nuevo me fuera a abrir una ventana sobre un paisaje insospechado donde todo era posible, sí, por qué no, papá, voy a ser alguien, un gran abogado, un gran político, mire las notas excelentes que saco en el colegio, oiga lo que mis profesores dicen de mis adelantos en historia, en inglés y en francés y en latín, sí, estudiaré, haré todo lo que usted me proponga, se lo prometo, encarnaré su sueño para que no sufra más, no soporto sentir esa tristeza que usted siente



El obsceno pájaro de la noche, Seix Barral, pág 103

viernes, 7 de diciembre de 2018

HOUSE OF MEETINGS, MARTIN AMIS

At school, Venus, we were taught by people who were prepared to lie to children for a living; you sat there listening to information you know to be false ( even my mother´s school was no different). Later on you discovered that all the interesting subjects were so hopelessly controversial that no one dared study them
House of Meetings, Martin Amis, pág 78

viernes, 23 de noviembre de 2018

EL PLANETA DE MR. SAMMLER, SAUL BELOW

Era alto, espléndido, bigotudo y tenía un cerebro sutil y excelente. Su fuerte había sido la teoría política. Enseñaba en el Hunter College, a mujeres. Muchachas encantadoras, idiotas, tontas, según decía. De vez en cuando topaba con alguna inteligencia femenina poderosa, pero muy irritable, quejosa, con demasiada ideología sexual, pobrecilla



El planeta de Mr. Sammler, Debolsillo, pág 20

viernes, 9 de noviembre de 2018

UN RECODO EN EL RÍO, V. S. NAIPAUL

Después se transformó en el joven africano en ascenso, el alumno del liceo, moderno, emprendedor. De acuerdo con este personaje le gustaba usar el blazer con el lema ‘Semper aliquid novi’; sin duda pensaba que le traje le ayudaba a imitar los gestos que había aprendido de algunos de sus profesores europeos. Imitando a un profesor en mi piso, podía quedarse de pie apoyado en una de las paredes blancas de la sala, con las piernas cruzadas, y en esa postura, intentar dirigir la conversación. O imitando a otro maestro podía dar una vuelta alrededor de la mesa de caballete mientras levantaba algún objeto, lo examinaba y lo dejaba de nuevo, sin dejar de hablar


viernes, 12 de octubre de 2018

PUCK Y SUS BROMAS, LISBETH WERNER

Y mientras todo esto ocurría, el profesor Frederikson, ‘Frederik’, para sus alumnos, estaba explicando Historia Universal. Hablaba de Napoleón. Pero el profesor Frederiksen no estaba nada satisfecho con los conocimientos de sus alumnos sobre el emperador y las batallas en las cuales había participado. Naturalmente, Inger, Merete y algunos más lo sabían a la perfección, pero el resto formaba un grupo mediocre.
- Hugo- dijo ‘Frederik’- cuéntame lo que sabes sobre la llamada “Batalla del Pueblo”, de Leipzig
Alborotó se levantó y empezó a balbucear:
- Pues...¡Ejem!...La “Batalla del Pueblo”…, fue una batalla…, donde el pueblo batalló…
El señor Frederiksen asintió irónico:
- Fabuloso, Hugo. Muy original. ¿Podrías también decirme en qué año fue?
- En el año 1805
- No pregunté por la batalla de Austerlitz, sino por la de Leipzig
- Pues …, eh, …, fue más o menos por entonces
- Diste en el clavo. Más o menos por entonces, porque fue en el año 1813. ¿Cuál fue el resultado de la batalla de Leipzig?
- Pues …, eh …, mutió mucha gente…
- Eres un genio, Hugo. ¿Quién luchaba en aquella batalla?
- ¡Napoleón!
- Es la pura verdad; pero ¿contra quién?
- Contra sus enemigos
- Estupendo. ¿Y quiénes eran sus enemigos?
- ¡Oh! Los griegos…, y algunos otros…


Puck y sus bromas, Toray ediciones, pág 71 

viernes, 28 de septiembre de 2018

TERESA, ROSA CHACEL

Absorta en esto, fue maquinalmente a la ventana. La casa del maestro aparecía vacía. El corredor y la clase, con las ventanas abiertas, conservaban la huella del tropel que habían albergado: el aire polvoriento flotaba sobre los pupitres dislocados de las filas. En una sola mirada, Teresa revisó todo el moblaje de la estancia. Los mapas, los instrumentos que poblaban la mesa del maestro, los objetos útiles todos ellos sólo para practicar la disciplina del estudio, se agrupaban revueltos, se sostenían mellados y tuertos, maltrechos por la tromba de juventud que rodaba sobre ellos todos los días. Alguna silla desfondada, algunos bancos cojos, un cristal cuya mitad inferior había sido sustituida por un pedazo de cartón, eran los despojos que se encontraban en aquel campo, donde el espíritu y la vida libraban su batalla cotidiana.



Teresa, Colección CLUB Bruguera, pág 248

viernes, 14 de septiembre de 2018

VÁNDALOS, ALICE MUNRO


- He hecho algunas sustituciones y les he llevado de excursión- dijo-. A veces, me daban ganas de soltarles una jauría de doberman o de estrangularlos con mis propias manos



Vándalos, RBA debolsillo, pág 292

viernes, 17 de agosto de 2018

LA PIRUETA, EDUARDO HALFON


En las escuelas de toda la región balcánica enseñan a trazar las fronteras de un mapa con una pluma sin tinta



La pirueta, Pre-Textos, pág 100

viernes, 3 de agosto de 2018

RATAS EN EL JARDÍN, VALENTÍ PUIG


Es un hecho que la escuela Jacotot era un pequeño paraíso de pequeñas amistades, de disfraces de Carnaval y de un mes de María cautivador, pero se aprendía poco. Mis padres hablaron. ¿Escuela pública o escuela privada? Visitaron unas cuantas. Ganó el criterio de mi madre. El estado de las escuelas públicas no era comparable a un colegio recién estrenado como San Francisco, construido gracias a donativos cuantiosos y un punto legendarios. Las tarimas eran de mármol y las pizarras, de pizarra. Luz, amplitud y un gabinete psicotécnico que convenció a mi padre. Además, estaba cerca de casa. De manera que entré en el curso más elemental de primaria y todavía no sabía leer. Puedo decir sin exagerar que aprendí a leer a cogotazos, los cogotazos de un fraile joven. Y aprendí muy deprisa. Siempre le he agradecido al buen padre franciscano que fuera tan expedito. Como quien dice, de golpe y porrazo sabía leer. Había hecho el aprendizaje más fundamental de mi vida. Tenía la infancia y la adolescencia solucionadas


Ratas en el jardín, Libros del Asteroide, pág 171

viernes, 20 de julio de 2018

STONER, JOHN WILLIAMS (IV)


Dio la espalda a los alumnos y tomó un trozo de tiza de la repisa inferior de la pizarra arañada, sostuvo la tiza en equilibrio durante un momento y escuchó el rumor sordo y los crujidos que hacían los alumnos al acomodarse en sus mesas soportando una rutina que de pronto se le hizo familiar




Stoner, Baile del Sol, pág 124

viernes, 6 de julio de 2018

A SPOOL OF BLUE THREAD, ANNE TYLER


Will you always just substitute, or do you want a permanent position someday?’
Oh, for that I´d have to take more course work’, he said. He seemed to have his mind elsewhere
I can imagine you´d be really good with high-school kids’ He sweung his eyes toward her. ‘No’, he said, ‘the whole thing got me down, it turnes out. It was kind of depressing. Everything you´re supossed to teach them, you know it´s only a drop in the bucket- and not all that useful for real life anyhow, most of the time. I´m thinking I might try something else now




A Spool of Blue Thread, Vintage, pág 454

viernes, 8 de junio de 2018

INTRUSOS Y HUÉSPEDES, LUIS MAGRINYÀ


Buen día en la escuela: siempre está bien que el medio de subsistencia sea agradable; pero los alumnos, las clases- lo siento- no me inspiran una línea



Intrusos y huéspedes, Anagrama, pág 115

viernes, 25 de mayo de 2018

EN PICADO, NICK HORNBY


- Sí, por casualidad, viejo hijoputa estúpido
- Así es como me habla- dijo, mirándome con aire lastimero, como si mi larga relación con los dos me autorizara de algún modo a interceder por él ante su hija.
- Apuesto a que lamenta su decisión de no haberla mandado a la privada, ¿me equivoco?
- ¿Cómo dice?
- Muy admirable y demás mandarla a la escuela pública. Pero ¿sabe? Obtiene aquello por lo que paga. Y usted incluso un poco menos que eso
- El colegio de Jess hace un magnífico trabajo en circunstancias muy adversas- dijo Crichton-. El cincuenta y uno por ciento de la clase de Jess sacó un suficiente o más en el bachillerato. Un once por ciento más que el año anterior.
- Excelente. Debe de ser de gran consuelo para usted
Los dos miramos a Jess, que nos hizo un corte de mangas


En picado, Anagrama, pág 137

viernes, 11 de mayo de 2018

CUANDO FUIMOS HUÉRFANOS, KAZUO ISHIGURO


Lo que conservo es el recuerdo de estar entrando en una clase- el aula 15 del Old Priory-, donde el sol entraba a ráfagas a través de los estrechos ventanales claustrales y hacía visible el polvo suspendido e inmóvil en el aire. El profesor aún no había llegado, pero yo también debía de llegar un poco tarde porque recuerdo que mis compañeros estaban ya sentados en grupos en pupitres, bancos y antepechos de ventanas. Estaba a punto de unirme a uno de los grupos de cinco o seis alumnos cuando sus caras se volvieron hacia mí y comprendí enseguida que estaban hablando de mi persona.


Cuando fuimos huérfanos, Anagrma, pág 20

viernes, 27 de abril de 2018

BODEGÓN CON PECES, JOSEP PLA


La cultura- lo que genéricamente se llama la cultura- tenía una representación más bien pobre. No había pedagogos ni se cumplían las leyes de la instrucción pública. Para ir a la escuela, entre ir y venir, los niños hubieran tenido que caminar diez o doce kilómetros diarios: la prudencia exigía que sólo fuesen cuando no tenían nada más que hacer y, aun así, debía meditarse



Cinco historias del mar, Destino, pág 14

viernes, 30 de marzo de 2018

CHESIL BEACH, IAN MCEWAN


Cuando estaba de un humor más realista, Edward pensaba que debía encontrar un empleo idóneo, de profesor de historia en un centro de enseñanza secundaria y asegurarse de eludir el servicio militar



Chesil Beach, Anagrama, pág 57

viernes, 16 de marzo de 2018

SOLENOIDE, MIRCEA CARTARESCU

En una de las clases me esperan cuarenta críos, pero ¿en cuál?. Casi siempre me equivoco. Abro titubeante una puerta, los alumnos en sus pupitres se vuelven hacia mí, la profesora interrumpe la serie de fracciones (si es la bella Florabela) o la lección sobre la inmovilidad de los reptiles (si es la temida Gionea) o sus tics del síndrome Torett (si me encuentro con Vintila, el profe de Geografía). ‘Perdón’, digo y cierro arrepentido la puerta con el sentimiento de alguien que ha sido, sin querer, testigo de un secreto vergonzante. Lo que tiene lugar entre los alumnos y los profesores ahí, detrás de las puertas blancas, numeradas, me ha parecido sellado siempre con un tabú tan poderoso y tan indiscutible como el de irrumpir en los baños de las señoras



Solenoide, Impedimenta, pág 56

viernes, 2 de marzo de 2018

EMPIRE FALLS, RICHARD RUSSO (I)

En un mes volverían a empezar los madrugones a las cuatro de la mañana. Los días en que se preveía nieve, Otto y los directores de las escuelas elemental y media se levantaban muy temprano para conocer los últimos detalles del parte meteorológico. A las cinco y medía tenían que haber decidido si era demasiado peligroso poner los autobuses escolares en marcha. En general, los padres querían que sus hijos fueran a la escuela, porque de lo contrario endrían que decidir qué hacían con ellos. Antes de ocuparse de tan necesarias cuestiones muchos padres preferían llamar a Otto Meyer hijo y transmitirle su impresión de que era un maldito imbécil, un gandul y un cabrón inútil que buscaba una excusa para tomarse el día libre, como si no le bastase con todo el verano. Si Otto estaba en la ducha y contestaba su mujer, se lo decían a ella. Los padres que se mostraban más airados e insultantes los días de nevada no eran generalmente los que tenían que preocuparse por faltar un día al trabajo para entretener a sus hijos. Eran más bien los mismo que inscribían a sus chavales en el programa de comida gratuita y los enviaban a la escuela mal vestidos, pero en cambio podían permitirse tener contestador automático para ahorrarse la molestia de hablar con directores y cobradores de facturas



Empire Falls, emecé lingua franca, pág 490 

viernes, 16 de febrero de 2018

HORMIGAS, ETGAR KERET

Mi madre dice que tengo que estudiar solo, ahora que ya no estoy en el colegio. Pero mi padre ya me había dicho en más de una ocasión que en el colegio no se aprenden más que mentiras y tonterías. Y para estudiar en solitario mentiras y tonterías no es que tenga demasiadas ganas, así que en vez de eso voy y me entretengo con las hormigas.
Mi padre y mi madre apenas hablan desde que dejé de ir al colegio. Mi madre culpa a mi padre por eso.


Hormigas, Siruela, pág 161

viernes, 2 de febrero de 2018

AMIGOS Y MAESTROS (DON JOSÉ CASTILLEJO), JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS

Yo había cursado con don José Derecho Romano y gracias a su capacidad de seducción pedagógica, convirtió su estudio quizá en el único de toda la carrera que hice con gusto y aprovechamiento. Tan excelente profesor era. No lo tuve como él


Amigos y maestros (Don José Castillejo), Pre-Textos, pág 46

viernes, 19 de enero de 2018

UNDER THE NET, IRIS MURDOCH

Then there are his pupils, and the friends of his pupils. No one whom Dave has taught seems ever to lose touch with him. I find this, in a way, hard to understand, since as I have indicated Dave was never able to communicate anything to me when we talked about philosophy



Under the Net, Vintage, pág 27

viernes, 5 de enero de 2018

EL ÚLTIMO LECTOR, RICARDO PIGLIA

Hay una escena que funciona casi como una alegoría: antes de ser asesinado, Guevara pasa la noche previa en la escuelita de La Higuera. La única que tien con él una actitud caritativa es la maestra del lugar, Julia Cortés, que le lleva un plato de guiso que está cocinando la madre. Cuando entra, está el Che tirado, herido, en el piso del aula. Entonces- y esto es lo último que dice Guevara, sus últimas palabras-, Guevara le señala a la maestra una frase que está escrita en la pìzarra y le dice que está mal escrita, que tiene un error. Él, con su énfasis en la perfección, le dice: “Le falta el acento”. Hace esta pequeña recomendación a la maestra. La pedagogía siempre, hasta el último momento



El último lector, Anagrama, pág 137

viernes, 22 de diciembre de 2017

CAMPO DE RETAMAS, RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

(El origen de las asignaturas) La misma etimología de la palabra que se refiere evidentemente a algo que se asigna remite a un profesor. En la organización administrativa de un centro de estudios, una universidad o lo que fuere, el saber se distribuye en compartimentos aislados para que no haya invasión de competencias. La palabra «asignatura» parece ser, de esta manera, el ejemplo más exacto del principio burocrático: «Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio»


Campo de retamas (Pecios reunidos), Penguin Randon Houese, pág 17

viernes, 8 de diciembre de 2017

SOLAR, IAN MCEWAN

Le alivió que fuera temprano, que Patrice no estuviese en casa para no recibirle, para hacer caso omiso de su retorno, porque era viernes, un día plenamente lectivo en que un montón de niños con las piernas cruzadas cantaban por la tarde, al unísono, disonantes ante el piano de Patrice



Solar, Ian McEwan, pág 108

viernes, 24 de noviembre de 2017

EL MAGO, JOHN FOWLES

Los chicos de la clase media fabricados en serie a los que tenía que dar clase eran bastante horribles; la claustrofóbica población de provincias era una pesadilla; pero lo verdaderamente insoportable era la sala de profesores. Llegó a ser casi un alivio tener que ir a clase. La tediosa y entumecedora rutina anual de sus vidas pesaban sobre los profesores como un estigma. Y era auténtico tedio, sin relación alguna con mi ‘ennui’ de moda. Sus consecuencias eran la hipocresía, la gazmoñería y la ira impotente de los viejos que saben que han fracasado y de los jóvenes que sospechan que van a fracasar. Los directores de departamento eran como el sermón que se escucha antes de ir a la horca; algunos de ellos te producían algo parecido al vértigo, una fugaz visión del insondable pozo de la futilidad humana… o eso fue al menos lo que empecé a sentir a comienzo del segundo trimestre



El mago, Compactos Anagrama, pág 14 

viernes, 10 de noviembre de 2017

MIDDLEMARCH, GEORGE ELIOT

En ocasiones había aceptado alumnos a los que daba clases al modo peripatético, haciendo que la fuesen siguiendo de un lado a otro por la cocina con el libro o la pizarra. Consideraba instructivo que sus discípulos pudieran ver cómo era capaz de lograr una excelente espuma mientras corregía sus equivocaciones ‘sin mirar’; cómo una mujer remangada hasta por encima del codo podía saberlo todo sobre el modo subjuntivo o la zona tórrida; cómo, en pocas palabras, podía tener ‘educación’ y otras buenas cosas que terminaban en ‘ción’ y dignas de ser pronunciadas con énfasis, sin ser una muñeca
inservible


Middlmarch, Debolsillo, pág 334

viernes, 27 de octubre de 2017

THE LION AND THE UNICORN, GEORGE ORWELL


Education. In wartime, educational reform must necessarily be promise rather than performance. At the moment we are not in a position to raise the school-leaving age or increase the teaching staffs of the elementary schools. But there are certain immediate steps that we could take towards a democratic educational system. We could start by abolishing the autonomy of the public schools and the older universities and flooding them with State-aided pupils chosen simply on grounds of ability. At present, public-school education is partly a training in class prejudice and partly a sort of tax that the middle classes pay to the upper class in return for the right to enter certain professions. It is true that that state of affairs is altering. The middle classes have begun to rebel against the expensiveness of education, and the war will bankrupt the majority of the public schools if it continues for another year or two. The evacuation is also producing certain minor changes. But there is a danger that some of the older schools, which will be able to weather the financial storm longest, will survive in some form or another as festering centres of snobbery. As for the 10,000 ‘private’ schools that England possesses, the vast majority of them deserve nothing except suppression. They are simply commercial undertakings, and in many cases their educational level is actually lower than that of the elementary schools. They merely exist because of a widespread idea that there is something disgraceful in being educated by the public authorities. The State could quell this idea by declaring itself responsible for all education, even if at the start this were no more than a gesture. We need gestures as well as actions. It is all too obvious that our talk of ‘defending democracy’ is nonsense while it is a mere accident of birth that decides whether a gifted child shall or shall not get the education it deserves.



 

viernes, 13 de octubre de 2017

MANUÉ SHANCHE SHANCHE, NO ME PISES QUE LLEVO CHANCLAS


Y estaba en el colegio cuando era chico sentao al lao mia, y se escapaba y to los dia el fugitivo.
Y el niño estaba mu acostumbrao a irse al canal, y traer despues rabo de lagarto, lagartijas, ratas y yo que se. Manué Sanche Sanche se llamaba el. Manué Sanche Sanche se llamaba el. No se lavava, no se limpiaba los mocos y no le hacia caso a naide, y el niño anda y a todas horas y a su aire. Estaba hecho un gamberro de ende chiquitito er Manué, y todo er mundo se lo decia eso no es tio eso no es. Manué Sanche Sanche se llamaba el. Manué Sanche Sanche se llamaba el. por parte de la madre y por parte del padre Ya no se ponia pantalones cortos y lo apuntaron al instituto, y el niño le traia y to las notas en coloraoo y to las semana recibia el padreua nota del director diciendole: ay venga usted que me tiene desesperado su manue Manué Sanche Sanche se llamaba el. Manué Sanche Sanche se llamaba el. asi termina la historia de ese compañero mio que se llamaba Manue que estaba hecho un bicho malo y remato al final en caranbanchel, porque el que anda mal, mal acaba y como te puede imaginar la policia estaba to er dia corriendo tras de el diendole: detengase usted Manué Sanchez Sanchez se llamaba el. Manué Sanchez Sanchez se llamaba el. Manué Sanchez Sanchez se llamaba el.

viernes, 29 de septiembre de 2017

ENTRE EL MUNDO Y YO, TA-NEHISI COATES

El Álgebra, la Biología y el Inglés no eran tanto asignaturas como oportunidades para disciplinar mejor el cuerpo, para practicar la escritura entre líneas, para copiar las instrucciones de forma legible, para memorizar los teoremas extraídos del mundo que habían sido creados para representar. Todo ello me resultaba remoto. Recuerdo estar sentado en mi clase de Francés de séptimo y no tener ni idea de por qué estaba allí. No conocía a nadie de Francia, y a mi alrededor nada me sugería que fuera a conocer a nadie nunca. Francia era una roca que giraba en otra galaxia, alrededor de otro sol, en otro cielo que yo no cruzaría nunca. ¿Por qué exactamente estaba yo sentado en aquella clase?

Entre el mundo y yo, Seix Barral, pág 42

viernes, 15 de septiembre de 2017

INUNDACIÓN, PAZ MONSERRAT REVILLO

Fue la hora con más minutos de toda mi vida. Las paredes se acercaban a mí y se separaban con la cadencia de un músculo cardíaco gigante y de color verde. Por fin acabó la clase, y yo cerré la libreta con una copia de todas las divisiones resueltas en la pizarra por la profesora y otras tantas propuestas como deberes para el día siguiente. Eran incomprensibles, inabarcable, incluso para una alumna aplicada como yo. En silencio, sudando e invadida por un sollozo que trataba de ahogar, guardé el cuaderno de matemáticas en mi cartera sin apenas atreverme a mirar a mi alrededor. De haber podido me habría metido también yo en el fondo de esa cartera de cuero, dentro del estuche, entre los colores para que nadie me encontrara


viernes, 1 de septiembre de 2017

THE BROOKLYN FOLLIES, PAUL AUSTER

I found it to be an absorbing well-written book, but one story stood out from the others, and it has stayed with me ever since. According to the author, Ray Monk, after Wittgenstein wrote his Tractatus as a soldier during WWI, he felt that he had solved all the problems of philosophy and was finished with the subject for good. He took a job as a schoolteacher in a remote Austrian mountain village, but he proved unfit for the work. Sever, ill-tempered, even brutal, he scolded the children constantly and beat them when they failed to learn their lessons. Not just ritual spankings, but blows to the face and head, angry pummelings that wound up causing serious injuries to a number of children. Word got out about this outrageous conduct and Wittgenstein was forced to resign his post. Years went by, at least twenty years, if I'm not mistaken, and by the Wittgenstein was living in Cambridge, once again pursuing philosophy, by then a famous and respected man. For reasons I forget now, he went through a spiritual crisis and suffered a nervous breakdown. As he began to recover, he decided that the only way to restore his health was to march back into his past and humbly apologize to each person he had ever wronged or offended. He wanted to purge himself of the guilt that was festering inside him, to clear his conscience and make a fresh start. That road led him naturally back to the small mountain village in Austria. All his former pupils were adults now, men and women in their mid- and late twenties, and yet the memory of their violent schoolmaster had not dimmed with the years. One by one, Wittgenstein knocked on their doors and asked them to forgive him for his intolerable cruelty two decades earlier. With some of them, he literally fell to his knees and begged, imploring them to absolve him of the sins he had committed, but not a single man or woman was willing to pardon him. The pain had gone too deep and their hatred for him transcended all possibility of mercy.


The Brooklyn Follies, faber and faber, pág 60

viernes, 18 de agosto de 2017

LA MADEJA Y EL DO, JEAN CHRISTOPHE GARCÍA-BAQUERO

Su clase de primero de BUP contaba con dieciséis repetidores que dominaban la situación. Pronto Víctor fue objeto de análisis y de burlas que no tenían el más mínimo filamento de sutileza


La madeja y el do, Decultura ediciones, pág 161


viernes, 4 de agosto de 2017

MORTAJA PARA UN RUISEÑOR, P.D . JAMES

Ofreció a estudiantes y profesora una breve sonrisa tranquilizadora y estimulante, y se instaló en una de las cuatro sillas ya colocadas en un lateral de la sala. Mary Taylor y la señora Beale se sentaron a ambos lados de ella, tan silenciosa y discretamente como les fue posible, dada la determinación del doctor Courtney-Briggs de ser puntillosamente galante y acercar las sillas a las damas. No obstante, la llegada del grupo, por mucho tacto que pusieran, desconcertó a la profesora. Una inspección no era ni mucho menos el ambiente normal de las clases, pero siempre resultaba interesante apreciar cuánto tiempo tardaba la profesora en restablecer la comunicación con el alumnado. Una profesora de primera, como sabía la señorita Beale por propia experiencia, era capaz de retener el interés de la clase incluso en medio de un intenso bombardeo y, por supuesto, también en presencia de la inspección


Mortaja para un ruiseñor, Plaza&Janes, pág 26

viernes, 21 de julio de 2017

VUELTA DE HONOR, GEORGE SAUNDERS

En la votación que hicieron en clase ella había puesto que la gente era buena y que la vida era divertida, y al instante recibió una mirada piadosa de la Sra. Dees mientras enumeraba sus puntos de vista: “Para hacer el bien, solo tienes que decidir hacer el bien”; “Tienes que defender lo que es correcto”. Tras esto último, la Sra. Dees había emitido una especie de gemido, algo comprensible; la Sra. Dees tenía mucho dolor acumulado, pero también era capaz, aún, de encontrar la diversión que tiene la vida y de reconocer la bondad en las personas, porque, si no, ¿por qué quedarse a veces corrigiendo hasta tan tarde y llegar al día siguiente agotada, con la blusa del revés, tras colocártela mal en la penumbra del amanecer, querida alumna trastornada?


Diez de diciembre , Editorial Alfabia, pág 18

viernes, 7 de julio de 2017

EN BUSCA DE KILNGSOR, JORGE VOLPI

Aunque en la escuela yo no era el mejor alumno de mi clase, el miedo que tenía de entregarle malas notas a mi padre era suficiente para mantenerme entre los diez primeros puestos




En busca de Klingsor, Seix Barral, pág 119